Para estar en buena condición funcional, el cuerpo humano requiere
una variedad de alimentos y experiencias. La cantidad de energía proveniente
de los comestibles (calorías) que una persona necesita varía de acuerdo
con la talla, la edad, el sexo, el nivel de actividad y el índice
metabólico. Aparte de la energía, el funcionamiento normal del cuerpo
requiere sustancias que aumenten o reemplacen los materiales de los
cuales está hecho: grasas no saturadas, cantidades mínimas de una
docena de elementos cuyos átomos desempeñan funciones clave, y pequeñas
cantidades de algunas sustancias que las células humanas no pueden
sintetizar incluyendo algunos aminoácidos y vitaminas. La condición
normal de la mayor parte de los sistemas del cuerpo requieren que
éstos lleven a cabo sus funciones adaptativas: por ejemplo, los músculos
deben efectuar movimientos, los huesos deberán soportar cargas, y
el corazón deberá bombear la sangre de manera eficaz. Por tanto, el
ejercicio regular es importante para mantener saludable el sistema
cardiopulmonar, conservar el tono muscular e impedir que los huesos
se tornen frágiles.
Una salud satisfactoria también depende de evitar la exposición excesiva
a sustancias que interfieren con el funcionamiento del cuerpo. Entre
las principales se encuentran aquellas que cada individuo puede controlar:
tabaco (causante de cáncer en el pulmón, enfisema y lesiones cardiacas),
drogas (implicadas en la desorientación psíquica y alteraciones del
sistema nervioso) y grandes cantidades de alcohol (el cual tiene efectos
negativos sobre el hígado, cerebro y corazón). Además, el ambiente
puede contener concentraciones peligrosas de sustancias como plomo,
algunos pesticidas e isótopos radiactivos, que pueden ser dañinas
para los seres humanos. Por tanto, la buena salud de los individuos
también depende del esfuerzo humano colectivo para vigilar el aire,
la tierra y el agua, y tomar medidas que puedan resguardarlos.
Otros microorganismos también pueden interferir en el funcionamiento
normal del cuerpo humano. Algunas clases de bacterias u hongos pueden
infectar al cuerpo para formar colonias en órganos o tejidos específicos.
Los virus invaden las células sanas y hacen que éstas sinteticen más
virus, matando, generalmente, a aquellas células en el proceso. Una
enfermedad infecciosa también puede ser causada por parásitos, los
cuales se establecen en los intestinos, el torrente sanguíneo o los
tejidos.
La primera línea de defensa propia del cuerpo contra los agentes
infecciosos es impedir la entrada o el establecimiento de dichos microorganismos
en él. Los mecanismos de protección incluyen la piel para que los
bloquee, las lágrimas y la saliva para sacarlos y las secreciones
estomacales y vaginales para matarlos. Los medios relacionados con
la protección en contra de microorganismos invasores incluyen conservar
limpia la piel, comer adecuadamente, evitar alimentos y líquidos contaminados
y, en general, evitar la exposición innecesaria a las enfermedades.
La siguiente línea de defensa del cuerpo es el sistema inmunológico.
Los glóbulos blancos actúan sitiando a los invasores o produciendo
anticuerpos específicos que los atacarán (o facilitarán el ataque
por otros leucocitos). Si el individuo sobrevive a la invasión, algunos
de estos anticuerpos permanecen junto con la capacidad de producir
rápidamente muchos más. Años después, o incluso durante toda la vida,
el sistema inmunológico estará listo para ese tipo de microorganismos
y será capaz de limitar o prevenir la enfermedad. Una persona puede
"pescar un catarro" muchas veces debido a que existen muchas variedades
de gérmenes que causan síntomas similares. Las reacciones alérgicas
son causadas por fuertes respuestas inmunitarias inusuales a ciertas
sustancias del ambiente, como las que se encuentran en el polen, el
pelaje de los animales o ciertos alimentos. Algunas veces, el sistema
inmunológico humano puede no funcionar bien y atacar inclusive a las
células sanas. Algunas enfermedades vírales como el SIDA, destruyen
células importantes del sistema inmunológico, dejando al cuerpo sin
protección, a merced de múltiples agentes infecciosos y células cancerosas.
Sin embargo, las enfermedades infecciosas no son la única amenaza
a la salud humana. Las partes o sistemas del cuerpo pueden funcionar
de manera inadecuada por razones meramente internas. Se sabe que algunas
alteraciones en el funcionamiento de los procesos corporales se deben
a genes anormales. Estos pueden tener un efecto directo obvio, como
causar hemorragia fácil, o pueden sólo incrementar la susceptibilidad
del cuerpo para desarrollar enfermedades particulares, como depresión
mental u obstrucción de arterias. Dichos genes pueden haberse adquirido
por herencia o ser el resultado de la mutación de una o varias células
durante el desarrollo del propio individuo. Puesto que el funcionamiento
adecuado de un solo gen o de un par puede ser suficiente para llevar
a cabo una buena función, muchas enfermedades genéticas no aparecen
a menos que un gen defectuoso se herede de ambos padres (quienes,
por la misma razón, pueden no haber tenido síntomas de la enfermedad).
El hecho de que la mayoría de las personas vivan ahora en escenarios
físicos y sociales muy diferentes de aquellos a los cuales la psicología
humana estaba adaptada desde hacía ya mucho tiempo, es un factor que
determina la salud de la población en general. Una "anormalidad" moderna
en los países industrializados es la dieta, que alguna vez incluía
sobre todo verduras crudas y derivados animales, pero que ahora contiene
cantidades excesivas de azúcar refinada, grasas saturadas, sal, y
también cafeína, alcohol, nicotina y otros fármacos. La falta de ejercicio
es otro cambio del estilo de vida, mucho más activo en la prehistoria.
De igual manera, existen contaminantes ambientales y tensión psicológica
por vivir en aglomeración, agitación y un ambiente social de cambios
muy rápidos. Por otro lado, nuevas técnicas médicas, sistemas de parto
eficientes y saludables, el mejoramiento de la sanidad y una comprensión
pública más completa de la naturaleza de la enfermedad da a los seres
humanos de hoy una mejor oportunidad para permanecer sanos que la
que tuvieron sus antepasados.
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